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"Milonguero Style? Method? Myth?" 03/18/2025


Tango Zen Journal, March 18, 2025


"Milonguero Style? Method? Myth?"

"¿Estilo Milonguero? ¿Método? ¿Mito?"


As we all know, milongueros are almost mythical figures. We love them, we cherish them, but they remain shrouded in mystery.


When I arrived in Europe in 2012, I encountered a rather amusing advertisement. It was promoting a so-called "Milonguero Encuentro." The opening line read: "Hello Milongueros and Milongueras!" I found it hilarious. It was essentially saying, "Milongueros and Milongueras, come to our Milonguero Encuentro!" I couldn’t help but comment: "Oh, I just came from Buenos Aires, where milongueros and milongueras seem to be disappearing. Now I know why—they’re all here in Europe!" It was funny, but also revealed a fundamental lack of understanding. Organizers assumed that because they were hosting an event called "Encuentro Milonguero," everyone attending automatically qualified as a milonguero or milonguera.


This misunderstanding runs deep. For example, in Switzerland and southern Germany, I have met local organizers who constantly complain that people don’t dance "like milongueros." One in particular never stops griping about it, yet I highly doubt he even knows what it means to be a milonguero. He has been to Buenos Aires but still doesn’t seem to grasp the concept. If you don’t know what a milonguero is, how can you expect people to dance like one?


The way some tango instructors advertise their programs is equally baffling. A well-known teacher in the U.S. once promoted his workshop by saying, "I will teach you the heart of the Milonguero style." Milonguero style? Then, an instructor in Europe marketed his program as "Milonguero Method." Again, I had to ask myself—what exactly does he think he knows about milongueros? The whole idea of selling a "style" or "method" misses the point entirely.


The most amusing case I’ve come across is an organizer who proudly proclaims that he has never been to Buenos Aires because he can’t afford it. Despite this, he claims to have studied tango inside and out and now teaches people how to "dance like milongueros." He even offers a mentoring program on the subject. I checked his website and read his writings—he’s a good writer, I’ll give him that—but there’s an undeniable issue of authenticity, credibility, and sincerity in what he’s offering. He insists on the importance of dancing "like a milonguero" but fails to understand that being a milonguero is not about a dance style or method.


To conclude my rant, I return to the words of my friend, milonguero Nestor La Vitola, as captured in my documentary: "Being a milonguero, besides being an excellent dancer, implies a lifestyle, a way of life." As I have said many times, milongueros were the guardians of tango—the guardians of the dance, the culture, and the tradition. As they disappear, so does the essence of the milonga. The ambiance has changed, and with it, so has the dance itself. It is no wonder that tango’s traditions and cultural richness are fading.


I hope that those who claim to teach this dance take the time to truly understand what being a milonguero means. More than teaching steps or selling a style, they should be transmitting the spirit of the dance, just as the milongueros before us did. That is my hope.


I welcome your comments and thoughts.


Abrazo milongueros.


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Como todos sabemos, los milongueros son casi figuras míticas. Los admiramos, los valoramos, pero siguen envueltos en un velo de misterio.


Cuando llegué a Europa en 2012, me encontré con un anuncio bastante curioso. Promocionaba un llamado "Encuentro Milonguero." La frase de apertura decía: "¡Hola Milongueros y Milongueras!" Me pareció divertidísimo. Básicamente, decía: "Milongueros y Milongueras, vengan a nuestro Encuentro Milonguero." No pude evitar comentar: "Ah, acabo de llegar de Buenos Aires, donde los milongueros y milongueras parecen estar desapareciendo. Ahora entiendo por qué: ¡están todos aquí en Europa!" Me pareció gracioso, pero al mismo tiempo, revelaba una falta total de comprensión. Los organizadores asumían que, porque organizaban un evento llamado "Encuentro Milonguero," todos los asistentes automáticamente eran milongueros o milongueras.


Esta confusión es profunda. Por ejemplo, en Suiza y el sur de Alemania, he conocido organizadores locales que se quejan constantemente de que la gente no baila "como milongueros." Uno en particular no deja de lamentarse por ello, pero dudo mucho que siquiera sepa lo que significa ser un milonguero. Ha estado en Buenos Aires, pero todavía no parece captar el concepto. Si no sabes qué es un milonguero, ¿cómo puedes esperar que la gente baile como uno?


La manera en que algunos profesores de tango promocionan sus programas también es desconcertante. Un instructor muy conocido en EE.UU. una vez promocionó su taller diciendo: "Te enseñaré el corazón del estilo milonguero." ¿Estilo milonguero? Luego, un instructor en Europa anunció su programa como "Método Milonguero." De nuevo, tuve que preguntarme: ¿qué cree saber exactamente sobre los milongueros? Toda esta idea de vender un "estilo" o "método" no tiene sentido.


El caso más curioso que encontré es el de un organizador que proclama con orgullo que nunca ha estado en Buenos Aires porque no puede permitírselo. A pesar de esto, afirma haber estudiado el tango a fondo y ahora enseña a la gente a "bailar como milongueros." Incluso ofrece un programa de mentoría sobre el tema. Revisé su sitio web y leí algunos de sus escritos—es un buen escritor, eso hay que reconocerlo—pero hay un problema evidente de autenticidad, credibilidad y sinceridad en lo que ofrece. Insiste en la importancia de bailar "como un milonguero" sin comprender que ser milonguero no se trata de un estilo o un método de baile.


Para concluir mi descargo, vuelvo a las palabras de mi amigo, el milonguero Nestor La Vitola, como capturé en mi documental: "Ser milonguero, además de ser un excelente bailarín, implica un estilo de vida, una forma de vivir." Como he dicho muchas veces, los milongueros fueron los guardianes del tango: guardianes de la danza, de la cultura y de la tradición. A medida que desaparecen, también lo hace la esencia de la milonga. La atmósfera ha cambiado, y con ella, el baile mismo. No es de extrañar que las tradiciones y la riqueza cultural del tango estén desvaneciéndose.


Espero que aquellos que dicen enseñar esta danza se tomen el tiempo de comprender realmente qué significa ser milonguero. Más que enseñar pasos o vender un estilo, deberían transmitir el espíritu del baile, tal como lo hicieron los milongueros antes que nosotros. Ese es mi deseo.


Espero sus comentarios y reflexiones.


Abrazo milongueros

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